

15 días para conocer Japón sin prisas: las grandes ciudades, los templos de Kioto, los ciervos de Nara, Hiroshima y el torii de Miyajima.
Desde 3.400€ /persona
15 días dan para ver más. Además de Tokio, Kioto y Osaka, añadimos Nara con sus ciervos y el gran Buda, Hiroshima para entender una parte importante de la historia, y Miyajima con su famoso torii sobre el agua.
Un viaje con ritmo tranquilo, tiempo para perderte por los barrios, repetir ese restaurante que te gustó y disfrutar sin mirar el reloj.
Una propuesta que puedes personalizar
Empieza tu aventura. Cruzas medio mundo y al aterrizar todo será diferente: los sonidos, los olores, la delicadeza en cada detalle. Japón te espera.
Aterrizas en Narita o Haneda y la ciudad te absorbe. Traslado al hotel, primer paseo por el barrio, y cena en un izakaya donde señalas el menú porque nadie habla inglés. Bienvenido a Japón.
El Tokio tradicional y el Tokio otaku en un mismo día. Sensoji al amanecer con incienso y farolillos rojos, parque de Ueno entre museos, y Akihabara con sus luces de neón y tiendas de manga hasta el infinito.
Del bosque sagrado de Meiji Shrine sales a Harajuku, donde la moda no tiene límites. Takeshita Street explota de color. Al atardecer, el cruce de Shibuya: miles de personas cruzando a la vez mientras los edificios parpadean.
Los jardines del Palacio Imperial al amanecer, el lujo de Ginza con sus tiendas insignia, y Shinjuku Gyoen para un picnic entre jardines. Por la noche, los neones de Kabukicho y los bares de Golden Gai.
El tren bala atraviesa Japón a 300km/h. En 2 horas y media cambias de época: de los rascacielos a los templos. Por la tarde, los 10.000 torii rojos de Fushimi Inari. Subir la montaña entre puertas bermellón mientras cae el sol es pura magia.
El crujido del bambú sobre tu cabeza. Tenryu-ji y su jardín zen perfecto. El río Ōi con sus barcas tradicionales. Un día entero en el lado más natural de Kioto.
El templo sobre pilares de madera con vistas a toda la ciudad. Bajas por Ninenzaka y Sannenzaka, calles empedradas con tiendas de dulces y cerámica. Maruyama Park y Gion al atardecer, cuando las geishas salen a trabajar.
El Pabellón Dorado reflejado en el agua, una imagen que no olvidarás. El jardín zen de Ryoan-ji con sus 15 rocas misteriosas. Y el Camino del Filósofo bordeado de cerezos, perfecto para pensar en todo y en nada.
Mañana entre ciervos sagrados que se inclinan pidiendo galletas. Todai-ji guarda el Buda de bronce más grande del mundo. Por la tarde, vuelves a Kioto para un paseo libre: tu café favorito, esa tienda que viste, ese rincón que quieres revisitar.
Shinkansen hacia el oeste. Hiroshima es una ciudad que rompió y se reconstruyó. El Parque Memorial de la Paz, el Museo, la Cúpula Genbaku. Sobrecoge, pero también inspira. La paz no es solo ausencia de guerra, es una decisión diaria.
Ferry corto hasta la isla sagrada. El torii rojo flotando sobre el agua es una de las imágenes más icónicas de Japón. Ciervos por las calles, ostras a la brasa, y si te animas, el teleférico hasta el monte Misen con vistas al mar interior.
Shinkansen hacia tu última ciudad. Osaka es ruidosa, divertida, sin pretensiones. El castillo dorado entre jardines, Shinsekai con sus torres retro y kushikatsu frito. Aquí se come de pie, se ríe alto y nadie te juzga.
El Glico Man, los cangrejos gigantes, los carteles de neón reflejados en el canal. Osaka es la capital de la comida callejera: takoyaki, okonomiyaki, gyoza. Namba para compras, Amerika-mura si buscas vintage. Última noche japonesa entre luces y sabores.
Últimas compras en el aeropuerto de Kansai, último matcha latte, última reverencia. Vuelves con la maleta llena de recuerdos y el corazón lleno de Japón. Ya no eres el mismo que llegó hace dos semanas.
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